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Expedición, El Camino del Inca: Primera Parte


 

 

 

 

 

 

 

 

Expedición, El Camino del Inca

Primera Parte

Autor: Juan Adrada

Nuestro viaje llegó por fin a buen término, aunque como era de esperar, las dificultades sobre el terreno variaron considerablemente las previsiones iniciales. A pesar de la valiosa ayuda prestada por el personal de Lan Airlines y de Viajes TerraNostra, empresas patrocinadoras de la expedición y que han solucionado todas nuestras necesidades de traslados y alojamiento, imperativos del transporte aéreo hasta el continente americano nos obligaron a comenzar nuestra aventura por el note de Perú en dirección al sur del país, y continuarla posteriormente hacia Bolivia y finalmente Chile, con lo que tuvimos que descartar casi desde el principio la etapa que iba a desarrollarse por tierras de Ecuador.

Comenzamos pues por la etapa correspondiente al litoral norte de Perú, que se convirtió así en la primera, con visitas a las ciudades de Trujillo, Huanchaco, Chiclayo y Lambayeque, y a los lugares arqueológicos de Chan Chan, la huaca del Arco Iris, la huaca Esmeralda, las huacas del Sol y de la Luna, las pirámides de Túcume y del Señor de Sipán, con sus fabulosos tesoros de oro y joyas maravillosas. Tierras que fueron en tiempos los dominios de las culturas Moche y Chimú.

A continuación nos dirigimos hacia la Sierra, iniciando una de las rutas más complicadas desde Huaraz al lugar arqueológico de Chavín de Huantar, accesible únicamente por pistas de tierra en muy malas condiciones debido a las recientes lluvias. En principio la previsión era que para las fechas de nuestro viaje la estación de lluvias ya hubiera terminado, pero los meses de enero y febrero fueron muy secos y a mediados de abril aun se dejaban sentir los últimos chaparrones. No nos molestaron excesivamente durante nuestros recorridos y visitas, pero dejaron las carreteras en un estado lamentable, situación que iba a complicarnos mucho el viaje aunque nosotros aun no lo sabíamos. A medio camino de Chavín visitamos la laguna de Querococha, un magnífico paraje natural encerrado entre montañas nevadas, donde entramos en contacto por vez primera con los quechuas, que vivían en pequeñas chozas de adobe junto a la laguna, pastoreando sus rebaños de alpacas.

La cultura Chavín es considerada la más antigua de todas las civilizaciones sudamericanas, y el complejo arqueológico que le sirvió de centro ceremonial es uno de los más espectaculares. La pieza más importante es el llamado Lanzón, un monolito de más de cuatro metros de altura en forma de cuchillo que permanece clavado entre el techo y el suelo, en una encrucijada de pasillos subterráneos construidos con enormes bloques ciclópeos de varias toneladas de peso. Debido a las agresiones sufridas en el pasado, el Lanzón se haya protegido en la actualidad por una reja que impide el paso. Gracias a la ayuda inestimable del señor Eduardo Eugenio Granados Fernández, director del complejo arqueológico, pudimos superar el obstáculo para observar más detenidamente esta joya de la arqueología mundial y tomar fotografías detalladas de la misma.

Nuestros pasos se dirigieron después hacia el llamado Callejón de Huaylas, entre las Sierras Negra y Blanca, esta última con cimas de más de seis mil metros de altitud. Aquí pudimos recorrer uno de los tramos míticos del Camino del Inca, el conocido como el Sendero de Maria Josefa debido a una leyenda popular sobre el lugar, y que llega hasta las lagunas de Llanganuco, al pie mismo del pico Huascarán, el segundo más alto de América después del Aconcagua. Las Sierras Negra y Blanca deben su nombre a un extraño fenómeno meteorológico que hace que la primera nunca tenga nieve debido a la influencia del aire cálido del Pacífico, mientras que la segunda, protegida por esta de la influencia marina, está permanentemente cubierta por las nieves perpetuas.

Una de las visitas más sobrecogedoras en esta zona lo fue a la que fuera la ciudad de Yungay, hoy desaparecida bajo la tierra a causa de un cataclismo acontecido en mil novecientos setenta. Según cuentan quienes aún recuerdan el trágico suceso, a las tres y veintitrés de la tarde del día 31 de mayo, mientras los habitantes de la ciudad visitaban el mercado dominical, un terremoto de enormes proporciones provocó un alud de millones de toneladas de nieve y rocas que se precipitó desde la cima del Huascarán hacia la ciudad a lo largo de catorce kilómetros, sepultándola completamente en pocos segundos sin que nadie tuviera la menor oportunidad de reaccionar. En la actualidad el lugar se ha convertido en un gigantesco camposanto donde los más de veinticinco mil yungainos víctimas de la tragedia aún permanecen sepultados junto a sus casas, sus calles y plazas a ocho metros de profundidad. El mismo terremoto destruyó completamente la cercana ciudad de Huaraz, donde nos alojábamos, y dejó sentir sus efectos devastadores por todo Perú.

El camino desde la Sierra hasta la Amazonia es el que ha resultado más difícil. Poco antes de emprender la ruta habíamos visitado la ciudad de Cajamarca, nuestro punto de partida, una bella ciudad de arquitectura hispánica que recuerda en cada esquina el paso de los conquistadores españoles. Durante nuestra visita pudimos documentar un lugar arqueológico tan emblemático como los Baños del Inca, donde pudimos recuperar energías probando sus aguas termales y sus servicios de balneario, con propiedades terapéuticas conocidas y explotadas desde tiempos históricos. Un interés especial nos movía a conocer este lugar, ya que uno de nuestros patrocinadores, la firma Eberlin Spa & Wellness, empresa pionera en España en la instalación de spa y centros de balneoterapia para recintos hoteleros, nos había encargado especialmente la documentación de los lugares arqueológicos conocidos desde antiguo por su utilización como balnearios y aguas medicinales, lo que ha llevado nuestras pesquisas hasta lugares tan interesantes como Aguas Calientes en Perú o los Baños de Puritima en Chile Continuando con nuestro periplo por la Sierra, otros lugares conocidos por su importancia histórica fueron las ventanillas de Otuzco, una antigua necrópolis de la cultura Cajamarca que enterraba las osamentas de sus difuntos en nichos excavados en las laderas de las montañas, y el famoso Cuarto del Rescate, que los incas llenaron de oro y plata para intentar la liberación del Inca Atahualpa de manos de Pizarro.

Una vez finalizada la visita de Cajamarca dimos comienzo al viaje hacia la Amazonia siguiendo la ruta original por Celendín y el río Marañón, frontera natural entre esta región y la cuenca amazónica, y aquí comenzaron las complicaciones. Tras ocho horas de camino, en un vehículo todo terreno perfectamente equipado, por pistas de tierra completamente embarradas y barrancos algunos de ellos con caídas de ochocientos metros en vertical, un huaico como dicen los lugareños, es decir, un corrimiento de tierras a la altura de Casas Viejas, una vez pasado ya en río Marañón, nos obligó a tener que dar la vuelta de regreso, ya que la pista había desaparecido completamente bajo la tierra y el lodo y no iba a ser reparada en varios días. Llegamos a Cajamarca por la noche, con el cuerpo dolorido por las quince horas de traqueteos, pero contentos con la experiencia de haber salido vivos.

El segundo intento de llegar a la Amazonia lo fue desde Chiclayo, un rodeo de más de trece horas siguiendo el curso del río Huancabamba de nuevo hasta el Marañón, y desde aquí hasta la aldea del Tingo siguiendo el desfiladero del río Uctubamba, ya en plena Amazonia. Una vez logrado nuestro objetivo, y de nuevo por pistas de barro entre barrancos de centenares de metros de altura, pudimos acceder hasta la mítica ciudad de Kuelap, fortaleza de increíbles dimensiones construida hace mil años por una de las civilizaciones más enigmáticas del Amazonas, los Chacahpoyas, artífices también de otros lugares arqueológicos sorprendentes como Ciudad de los Muertos o Carajía, donde pudimos observar sus sarcófagos ocultos en los abrigos de los desfiladeros, a los que sólo se puede acceder con cuerdas desde la cima de los barrancos.

A pesar de los esfuerzos de Tiendas U.P.I. Unión Profesional Informática por equiparnos con las últimas tecnologías en comunicación, la precaria situación de las instalaciones peruanas nos hizo desistir finalmente de nuestra intención original de mantener una comunicación abierta periódicamente por chat a través de nuestra página web con todas las personas que han ido siguiendo nuestro periplo, a quienes en cambio sí que hemos atendido mediante el envío de correos electrónicos. Una vez finalizada esta etapa amazónica colgamos en la red las primeras noticias y fotografías de la expedición que fueron visitadas por un buen número de entusiastas seguidores a quienes desde aquí agradecemos su interés y los ánimos que nos han brindado en todo momento.

En pocos días llegaríamos a Lima, capital del Perú, desde donde partimos rumbo a la costa sur del Pacífico para encontrarnos con el desierto de Ocucaje, la península de Paracas y la pampa de Nazca. Y hacia Cuzco, corazón del imperio incaico, para visitar lugares míticos como Sacsahuamán, Pisac, Ollantaytambo o la ciudad perdida de Machu Picchu.