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Protocolo de actuación del centro, debido a la situación actual del Covid 19

USAR II


Hace algunos años que Gea opera el área de Búsqueda y Rescate. Un grupo de voluntarios profesionales intervienen a nivel internacional en la fase de emergencia. La profesionalidad, más que adquirida, en acción en las numerosas misiones internacionales, esta en el hecho que la emergencia está pensada, estudiada y organizada como un proceso formativo y continuado que se articula en el tiempo.
La capacidad de respuesta no se improvisa, se tiene que planificar y construir en el tiempo. Está claro que es necesaria una cantidad de improvisación para ajustar lo que se había prevenido y experimentado en el tiempo, a las exigencias de un evento que es único y singular, pero una programación de base es necesaria, y un proyecto de intervención inicial, si no, los resultados de la iniciativa podrían ser escasos.
También los voluntarios de Gea tienen que adaptarse al desarrollo de todos esos conocimientos, recursos, habilidades y competencias que acumuladas y adecuadamente utilizadas en la gestión de la vida normal puedan ser transferidos en las situaciones de emergencias. Se trata entonces de transferir en las situaciones excepcionales el patrimonio de experiencia adquirido en la normalidad. Prepararse a organizar la emergencia en la cotidianidad y en condiciones de normalidad significa entonces promover y desarrollar una actitud de responsabilidad y compromiso individual y colectivo en la sociedad.
Pero lo que cuenta más es la preparación interior como práctica constante de los valores del voluntariado, que tiene que llevarnos a ser sinceros con nosotros mismos, trasparentes con los otros, sin miedo de parecer lo que somos. Es la preparación interior la que nos tiene que llevar a ser pacientes, aceptar las dificultades como pruebas naturales de la vida y también de los sufrimientos. El ser humano tiene una solidaridad instintiva hacia los otros hombres en particular si los ve sufrir en el cuerpo y en el espíritu. Esa solidaridad instintiva tiene que transformarse en acción concreta, verdadera, real y programada más allá de la ciudadanía, de la raza, de la creencia religiosa, porque quien está en dificultades, tiene derecho a recibir las atenciones y la asistencia que ordena el respeto por la persona amada.